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Placest
Guías urbanas: barrios, mercadillos y comercio de las ciudades españolas

El Rastro, Els Encants y el Rastro de Bilbao: a qué hora llegar a cada uno y qué se vende en cada calle

· revisado el · Redacción de Placest
El Rastro, Els Encants y el Rastro de Bilbao: a qué hora llegar a cada uno y qué se vende en cada calle

Un domingo de marzo, en la esquina de Carlos Arniches con Mira el Río Baja, un hombre discutía con otro por una caja de discos de vinilo. No por el precio: por la hora. El comprador había llegado a las once y media y la caja ya estaba vendida desde las nueve y veinte. «Es que yo pensaba que esto duraba hasta las tres», dijo. Y dura hasta las tres. Pero lo que él buscaba se acaba a las diez.

Esa es la diferencia entre pasear un rastro y comprar en un rastro. Y explica por qué tres mercados que desde fuera parecen lo mismo —gente, mantas, cosas usadas— se comportan de manera completamente distinta. El Rastro de Madrid, Els Encants de Barcelona y el rastro dominical del Casco Viejo de Bilbao tienen reglas propias sobre quién vende, qué puede vender y cuándo. Conocerlas ahorra madrugones inútiles y viajes a la ciudad equivocada.

El Rastro de Madrid: la calle te dice lo que hay

Lo primero que hay que entender de El Rastro es que no es un desorden. Está reglado por calles. El Ayuntamiento reparte los puestos por especialidad y cada tramo tiene asignado un tipo de producto, así que el plano funciona como un índice. Si sabes qué buscas, no hace falta recorrerlo entero.

El eje es la Ribera de Curtidores, que baja desde la plaza de Cascorro hasta la Ronda de Toledo. Es la calle más transitada y la más lenta de caminar. También es donde más ropa nueva de baratillo, bisutería y cachivaches genéricos vas a ver. Si vienes a mirar, empieza ahí. Si vienes a comprar algo concreto, sal de ella cuanto antes.

Recorrido, en orden

Els Encants: el género cambia según el día

En Barcelona la lógica es otra. La Fira de Bellcaire —Els Encants, para todo el mundo— se mudó en 2013 al edificio de Glòries con la cubierta de espejos, y esa mudanza cambió la experiencia: ya no es una explanada al sol, es un espacio con rampas, niveles y puestos fijos, con la venta a ras de suelo en la parte baja.

La pieza que casi nadie de fuera conoce es la subasta de primera hora. Los lotes que llegan al mercado —vaciados, restos, remesas— se adjudican a los vendedores en una puja rápida a primerísima hora de la mañana, y lo que se compra ahí es lo que aparece extendido en las mantas al rato. Por eso el género de Els Encants no es igual todos los días de apertura: depende de lo que haya entrado esa madrugada. Si vas dos días distintos en la misma semana, no ves el mismo mercado.

Consecuencia práctica: para el objeto raro conviene ir en día de subasta y temprano. Para pasear tranquilo y ver los puestos con calma, mejor un sábado, que suele ir más de compra hecha y menos de reventa fresca. Los precios, en general, están más pedidos que en Madrid: aquí muchos vendedores han pagado el lote esa misma mañana y saben lo que tienen.

Bilbao: otro tamaño y otro público

El rastro dominical de Bilbao no juega en la misma liga de tamaño, y conviene saberlo antes de coger un tren. Se concentra en el Casco Viejo, con la plaza Nueva como centro de gravedad: coleccionismo puro. Sellos, monedas, chapas, cromos, libro antiguo, discos, postales. Es un mercado de mesas y carpetas más que de mantas, con vendedores que se conocen entre ellos y clientes que van a por una pieza concreta.

Alrededor, bajando hacia el Arenal, la cosa se abre a plantas, flores y puestos de artesanía. Se recorre entero en una mañana larga y sin prisa, algo impensable en los otros dos. La ventaja es esa: en dos horas lo has visto todo y te queda mañana para los soportales.

Datos prácticos

Los horarios de mercadillo cambian por festivos locales, obras y decisiones municipales de un año para otro. Antes de plantarte allí, compruébalos en la web del ayuntamiento o del propio mercado.

Qué no esperar

No esperes ganga en las galerías de anticuarios de la Ribera: son tiendas con tasación y lo saben. No esperes negociar mucho en Els Encants un sábado a mediodía, cuando el vendedor ya lleva medio día de gente mirando. Y no vayas a Bilbao buscando muebles ni volumen, porque no es ese mercado.

Tampoco compensa El Rastro entre las doce y las dos si tu plan es comprar: a esa hora la Ribera es una fila india, no se ve nada extendido en el suelo y los vendedores están más pendientes de que no les levanten cosas que de atenderte. Ese tramo horario es para tomar algo en las calles de alrededor y volver otro domingo a las nueve.

Foto de portada: ThomasLendt, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons