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Guías urbanas: barrios, mercadillos y comercio de las ciudades españolas

Locales vacíos en Madrid: qué calles se están quedando sin comercio y cómo saber por qué

· revisado el · Redacción de Placest
Locales vacíos en Madrid: qué calles se están quedando sin comercio y cómo saber por qué

Prueba esto la próxima vez que bajes por Bravo Murillo desde Cuatro Caminos: cuenta persianas bajadas. No las de la siesta —vas un martes a las doce—, sino las que llevan meses paradas. Se reconocen enseguida. El cartel de «se alquila» con el teléfono descolorido por el sol. La ranura del buzón atascada de publicidad. El vinilo de un negocio que ya no existe, medio despegado en una esquina.

Cuando llegas a Tetuán llevas doce, catorce, dieciocho. Y entonces aparece la pregunta interesante, que no es cuántos hay. Es qué eran.

Mira lo que cerró, no cuánto cerró

Un número de bajos vacíos no dice nada por sí solo. Una calle con quince locales cerrados puede estar hundiéndose o puede estar cambiando de manos a toda velocidad, que es casi lo contrario. Lo que separa un caso del otro es el inventario: qué tipo de comercio desapareció y qué tipo entró después, si es que entró alguno.

Hay tres motivos habituales por los que se vacía un eje comercial en España, y los tres dejan una huella distinta en el escaparate. Se aprenden en una tarde de paseo.

Uno: la calle cara donde el hueco dura poco

Sube por Fuencarral desde Gran Vía, o date una vuelta por Preciados, o por Goya entre Serrano y Alcalá. Vas a ver locales cerrados, sí. Fíjate en cuánto tiempo llevan así: casi ninguno tiene aspecto de abandono. Están tapiados con paneles limpios, con un vinilo corporativo, con una licencia de obra pegada al cristal y fecha reciente.

Aquí el rastro es la desaparición del comercio intermedio. Lo que cae es la zapatería de toda la vida, la mercería, la papelería, la tienda de ropa de una sola dirección. Lo que ocupa el hueco es cadena, franquicia o tienda insignia de una marca que no necesita que ese local sea rentable por sí mismo, porque lo paga como publicidad.

Cómo confirmarlo caminando: cuenta cuántos comercios seguidos tienen el mismo tipo de letra corporativa. Si en cien metros ves cuatro escaparates que podrían estar en cualquier otra capital europea, la calle no se está vaciando. Se está encareciendo, y el vacío es solo el tiempo entre inquilino e inquilino.

Dos: la calle a la que le abrieron un centro comercial al lado

Este es el más fácil de reconocer y el que más se confunde con el anterior. Camina por General Ricardos o por Oporto, en Carabanchel, con Islazul a un cuarto de hora en coche. O por la Avenida de la Albufera, en Vallecas, con La Gavia al final del corredor. O por las calles comerciales del Barrio del Pilar, con La Vaguada metida dentro del propio barrio.

La calle sigue viva. A las ocho de la tarde hay gente, hay bares llenos, hay cola en la farmacia. Y aun así falta media ciudad de escaparates.

Lo que ha desaparecido tiene un patrón muy claro: es todo aquello por lo que la gente está dispuesta a coger el coche y aparcar gratis. Moda, calzado, deporte, electrodomésticos, juguetes, electrónica. Lo que aguanta es lo que no compensa mover: alimentación, panadería, peluquería, farmacia, bar, ferretería, arreglos, servicios. Una calle así no está muerta; está reducida a lo que se compra andando y con prisa.

Si al recorrerla no encuentras dónde comprarte unos pantalones pero sí tres sitios donde desayunar, ya sabes qué pasó.

Tres: la calle que se queda sin gente

Este es el vaciado de verdad, y en Madrid capital es el menos frecuente, porque la ciudad no pierde población. Se ve mucho mejor en los cascos de ciudades medianas y en barrios envejecidos donde no ha entrado población nueva.

El rastro aquí es la falta de rastro. No cierra un sector concreto: cierra de todo, poco a poco, y nadie viene detrás. El cartel de «se alquila» lleva años. El local no se reforma, no se tapia, no se divide. A veces ni siquiera hay cartel, porque el dueño se cansó de ponerlo. Es habitual que los primeros en caer sean los negocios sin relevo, los que cerraron el día que se jubiló quien estaba detrás del mostrador.

Un indicio práctico: mira los portales, no los bajos. Si hay buzones con nombres tachados y ningún timbre de empresa, la calle está perdiendo residentes, no comercio.

Cómo contar sin engañarte

Los datos existen y son públicos. El Ayuntamiento de Madrid publica en su portal de datos abiertos un censo de locales y actividades, con la situación de cada bajo y el epígrafe de la actividad; Barcelona tiene su propio censo de locales en planta baja. Sirven para ordenar por calles y ver el tipo de negocio, que es justo lo que te interesa. Mira siempre la fecha del volcado antes de sacar conclusiones: entre el censo y la calle puede haber un año de diferencia.

Para el conteo a pie:

Comprueba los horarios que veas publicados en los propios escaparates, que es lo único que se actualiza solo.

Lo que parece un local vacío y no lo es

Buena parte de los bajos con la persiana echada tienen dentro algo que no vende a la calle. Almacenes de reparto de última milla, cocinas que solo trabajan a domicilio, trasteros, gimnasios de puerta discreta, oficinas y consultas sin rótulo, y locales convertidos en vivienda. Si la persiana está limpia, entra y sale gente por una puerta lateral o hay contador eléctrico nuevo, ese local está ocupado aunque no lo parezca.

Tampoco cuentes como abandono los bajos de edificios en rehabilitación ni los que llevan un cartel de obra con licencia visible. Y no des por hundida una calle porque tenga muchos bazares o muchas tiendas de móviles: eso indica alquileres bajos y demanda de paso, que es una calle funcionando, aunque no sea la que recuerdas.

Foto de portada: Javier Perez Montes, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons