El Jueves de la calle Feria: a qué hora se monta el mercadillo más antiguo de Sevilla y qué hay en cada tramo
El Jueves ocupa la calle Feria una mañana a la semana y desaparece antes de la hora de comer. No hay versión reducida el sábado ni segunda sesión por la tarde. Si no vas el jueves por la mañana, no lo ves: el resto de la semana la calle es una calle normal del norte del casco de Sevilla, con sus comercios, su mercado de abastos y su tráfico.
Se le atribuye origen medieval y suele presentarse como el mercadillo más antiguo de la ciudad. Eso importa poco cuando estás dentro. Lo que importa es que es un rastro de suelo y de mesa plegable, muy denso, donde se vende sobre todo lo que otros ya usaron.
Qué se puede vender ahí
El mercadillo está acotado a segunda mano, antigüedades, almoneda y libro viejo. Esa es la regla que lo distingue de un mercadillo de ropa nueva o de menaje barato, y es la razón de que la mezcla sea tan rara: en un mismo tramo puedes tener discos de vinilo, herramienta oxidada, azulejos sueltos, cámaras de fotos que no sabes si funcionan y cajas de tornillos.
En la práctica la frontera se difumina. Hay puestos de género nuevo, sobre todo hacia los extremos, y hay quien vende cosas que no pasarían una inspección estricta. Convive todo. Si vas buscando exclusivamente antigüedad, tendrás que filtrar bastante.
El recorrido, de sur a norte
La calle Feria es larga y recta, así que el paseo se hace de un tirón y sin decisiones. Lo lógico es empezar por el extremo sur, a la altura de la iglesia de Omnium Sanctorum, y subir hasta la plaza del Pumarejo. Después se vuelve por la acera contraria o por las calles paralelas. Los extremos exactos del montaje varían de una semana a otra, según cuántos puestos haya.
Tramo sur: el entorno de Omnium Sanctorum
Es la parte más transitada y la que primero se llena de gente que solo pasa. Aquí abundan los puestos de suelo con manta: ropa usada amontonada, calzado, cargadores, mandos a distancia, cables. Se camina lento porque el paso se estrecha. Si vas con prisa, este tramo se atraviesa sin pararse mucho.
Tramo central: alrededor del mercado
A media calle está el Mercado de la Feria, el mercado de abastos del barrio, que abre por su cuenta y tiene su propio horario. En los metros que lo rodean suele concentrarse lo que la mayoría viene a buscar: muebles pequeños, lámparas, marcos, loza, cubertería suelta, hierros, cerraduras, llaves antiguas, radios. También es donde se ven más vendedores habituales, los que están todas las semanas en el mismo sitio y con los que se puede regatear con cierta lógica.
Tramo norte: hacia el Pumarejo
Según se sube, el mercadillo se afloja. Hay más hueco entre puesto y puesto, más venta de todo a un euro y menos criterio en lo que se expone. También es donde más fácil resulta encontrar libro viejo y tebeos, aunque no siempre hay puesto de libros y la selección depende de quién haya montado ese día. La plaza del Pumarejo cierra el paseo y sirve de punto de descanso.
A qué hora ir
Los vendedores empiezan a montar temprano, con la calle todavía despejada, y sobre las nueve la cosa ya está en marcha. Entre las diez y las doce es cuando hay más puestos abiertos y más gente. A partir de las dos empieza el desmontaje y a las tres queda poco en pie.
- Si buscas algo concreto, ve pronto: lo bueno se lo llevan los primeros, y hay compradores profesionales que pasan antes que tú.
- Si buscas precio, ve al final. Al vendedor que tiene que cargar el coche le interesa cerrar.
- Si vas a pasear, evita el centro de la mañana. Con el tramo sur lleno se avanza muy despacio.
En verano el calor de Sevilla recorta la mañana de forma notable y la calle se vacía antes. Y como todo mercadillo municipal, está sujeto a cambios por festivos, obras o fechas señaladas: conviene comprobarlo antes de plantar la mañana.
Cómo llegar
No hay parada de metro cerca ni el tranvía sube hasta allí, así que la forma razonable de llegar es andando. Desde la Alameda de Hércules son unos minutos por Relator o Peris Mencheta. Desde la plaza del Duque, algo más de diez. Desde la Encarnación, parecido.
En coche es mal negocio. La zona tiene calles estrechas, carga y descarga y el propio mercadillo cortando el paso; el aparcamiento subterráneo de la Alameda es la solución más cómoda si vienes de fuera. En bici hay estaciones de préstamo en la Alameda, pero el jueves por la mañana no vas a poder pedalear por Feria.
Lleva efectivo y suelto. Muchos puestos no aceptan tarjeta y el regateo con billete grande no funciona igual.
La calle el resto de la semana
Feria no depende del jueves. El Mercado de la Feria sigue funcionando de mañana el resto de días laborables, con pescadería y puestos de abastos, además de la parte de bares que se ha ido montando dentro. En la propia calle quedan comercios de toda la vida y almonedas con local fijo, que es donde se compra con más garantía que en la manta, aunque el precio no sea de rastro. Y está Casa Vizcaíno, la bodega de la calle, para tomar algo de pie sin ceremonias.
Si tu interés es el barrio más que el mercadillo, cualquier otro día lo verás mejor y podrás entrar en los sitios sin cola.
Qué no esperar
No es un mercado de anticuario con precios de anticuario. La mayor parte de lo que se expone es material corriente, muchas veces roto, y hay que tener paciencia y ojo para separar. Quien va con la idea de encontrar mobiliario firmado a precio de saldo se marcha decepcionado.
Tampoco esperes comodidad: se camina mal, hay poco sitio para pararse y con carrito de bebé es incómodo. Vigila el bolso en los tramos densos, como en cualquier rastro con mucha gente.
Y no cuentes con garantía. Lo que compras, comprado está: enchufa lo eléctrico si el vendedor te deja, mira las patas de los muebles, abre las tapas. El precio de salida casi siempre admite conversación, y ese es medio motivo para ir.