Andar o coger el metro: seis tramos de Madrid y Barcelona donde caminar sale igual o más rápido

La primera vez que lo conté fue de mala leche. Llegaba tarde a una cita en la plaza de Olavide, bajé a Sol por la boca de la calle Carretas y me comí las escaleras, el pasillo, otro tramo de escaleras y un andén con tres filas de gente esperando. Cuando por fin salí a la superficie en Bilbao, miré el reloj y me di cuenta de que había tardado casi lo mismo que un amigo que se había ido andando por Fuencarral. Él, además, se había parado a mirar un escaparate.
El viaje en metro, el de verdad, el del vagón moviéndose, dura poquísimo. Lo que se come el tiempo es todo lo demás: bajar, esperar, transbordar y volver a subir. En trayectos cortos, ese peaje fijo pesa más que la velocidad del tren. Desde entonces llevo la manía de comparar. Estos son seis tramos donde ir a pie sale igual o mejor, y uno donde no.
Cómo se cuenta el tiempo puerta a puerta
Para que la comparación sea honesta hay que contar desde el portal hasta el portal, no de andén a andén. En el metro eso significa sumar cuatro cosas al viaje: bajar a la estación, esperar el tren, hacer el transbordo si lo hay, y salir por el otro lado. En hora punta el tren pasa cada pocos minutos y la cuenta sale bien. Un domingo por la mañana o a las once de la noche, la espera se estira y la cuenta cambia por completo.
A pie el cálculo es más simple. A paso normal, sin correr y sin pararse, se hacen unos doce minutos por kilómetro. Con cuesta arriba continuada, suma tres o cuatro minutos más por kilómetro y una camisa sudada en verano. Ese es el único dato que hay que llevar en la cabeza.
Madrid
Chueca a Malasaña
El caso más claro de todos. Son unos setecientos metros llanos: sales de la plaza de Chueca, cruzas Fuencarral por Augusto Figueroa o por Gravina y en nada estás en San Vicente Ferrer. Nueve minutos andando, sin un solo repecho.
En metro, Chueca es línea 5 y Tribunal es línea 1 y 10. No hay conexión directa: toca cambiar en Gran Vía. Bajas, esperas, andas el pasillo del transbordo, esperas otra vez y subes. Es una de esas rutas donde el metro no compite ni de lejos.
Atocha a Lavapiés
Un kilómetro largo, pero con un detalle que la mayoría no tiene en cuenta: sube. Desde la glorieta subes por Argumosa, con sus terrazas a los dos lados, y desembocas en la plaza de Lavapiés. Trece o quince minutos, según el calor y según lo cargado que vayas.
La alternativa bajo tierra no es directa. Atocha es línea 1, Lavapiés es línea 3, y el enlace pasa por Sol, es decir, subir hacia el norte para luego volver a bajar. Con el transbordo y las dos esperas, andar gana casi siempre. La excepción es agosto a las tres de la tarde, cuando esa cuesta se hace muy larga.
Sol a Chamberí por Fuencarral
Algo más de kilómetro y medio hasta la glorieta de Bilbao, unos veinte minutos. Aquí la comparación está más reñida de lo que parece. La línea 1 va directa, tres paradas, y el trayecto en vagón es cuestión de minutos. Pero Sol es una estación enorme y salir de ella lleva su tiempo.
En hora punta el metro gana por poco. A media mañana de un sábado, con el tren tardando más, se empata. Y el tramo a pie es de los buenos: Fuencarral peatonal, la esquina de Tribunal, la subida final hacia Bilbao. Un apunte para curiosos: la estación de Chamberí de la línea 1 lleva cerrada al público desde 1966 y hoy es un museo, así que el barrio de Chamberí se pisa antes andando que bajando.
Príncipe Pío a Ópera: aquí pierdes
Lo pongo porque el criterio se demuestra también con los tramos que no salen. Sobre el plano parece un paseo corto, poco más de un kilómetro. Sobre el terreno es la Cuesta de San Vicente, que sube sin descanso desde el río hasta la plaza de Oriente. Ese desnivel te añade minutos y te deja resoplando.
La línea 5 te lleva en dos paradas. Cuesta arriba, coge el metro sin pensarlo. Cuesta abajo, en cambio, el paseo se hace solo y la cuenta vuelve a empatar. Es el mismo tramo con dos respuestas distintas según la dirección.
Barcelona
Plaça de Catalunya al Born
Unos novecientos metros de terreno llano. Bajas por Portal de l’Àngel, entras en el laberinto del Gòtic por Portaferrissa o sigues recto hasta la Via Laietana, cruzas y ya estás en Jaume I. Once o doce minutos, más si te distraes, que te vas a distraer.
En metro es un pequeño absurdo: Catalunya tiene la L1 y la L3, y Jaume I está en la L4. Hay que cambiar en Urquinaona para hacer dos paradas. Entre la bajada, el transbordo y la subida se va todo el tiempo que ahorra el tren.
Gràcia al centro del Eixample
De Fontana a Passeig de Gràcia hay kilómetro y medio bajando por Gran de Gràcia, que se convierte en Passeig de Gràcia después de cruzar la Diagonal. Unos dieciocho minutos, y buena parte del recorrido tiene sombra.
Aquí la L3 va directa y sin transbordo, así que en hora punta el metro gana. Pero fíjate en la dirección: Barcelona baja hacia el mar de forma casi imperceptible en el plano y muy perceptible en las piernas. De Passeig de Gràcia hacia Gràcia es subida sostenida, y ahí el metro gana de calle. Al revés, en bajada, el paseo compite.
Datos prácticos
- El metro de Madrid abre a las seis de la mañana y cierra a la una y media de la madrugada. En Barcelona el servicio es continuo las noches de sábado. Compruébalo antes de fiarte, que cambia con obras y con festivos.
- Cuenta doce minutos por kilómetro a pie en llano. Si el tramo sube, añade tres o cuatro más.
- Antes de decidir, mira si hay transbordo. Un cambio de línea para dos paradas suele significar que te conviene andar.
- Las estaciones grandes y profundas penalizan mucho en trayectos cortos. Sol, Príncipe Pío o Atocha te comen minutos solo en entrar y salir.
Qué no esperar de esto
Que nadie se lo tome como una cruzada contra el transporte público. En cuanto la distancia pasa de dos kilómetros, el metro gana siempre y por mucho. De Sol a Cuatro Caminos, o de Catalunya a Sants, no hay discusión posible.
Tampoco funciona con maleta, con carro de la compra, con lluvia de verdad o con una ola de calor de las de agosto. Y si tienes problemas de movilidad, muchos de estos tramos tienen aceras estrechas, obras y bordillos que no aparecen en ningún cálculo de minutos. La comparación sirve para el trayecto corto, ligero de equipaje y con tiempo de sobra para llegar. Ahí es donde el plano del metro te engaña: hace que dos paradas parezcan lejos cuando están a diez minutos de acera.
Foto de portada: Javier Pérez Montes, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons